Querida
escopeta:
Ha
pasado ya algún tiempo desde que nos vimos por última vez, y tenía la necesidad
de hacerte llegar todo lo que he sentido este tiempo atrás. Todos los miedos y
temores que tenía cuando estaba en ti, desafortunadamente los he podido
corroborar, porque he visto el horror, he visto el dolor, he visto la sangre,
he visto la muerte. Yo he matado. Y la muerte es tan fría como las paredes de
tu cañón, ese cañón que utilizas y enfilas para matar. Si supieras cuan dolorosa
es la muerte, cuan amargo es el llanto, estoy segura que te quedarías en ese
armario donde duermes cada noche.
Mi
vida dentro de ti más que vida era calvario. Frío, oscuridad, soledad,
amargura. Y salir para ver al fin la luz no fue la mejor opción. Luz que duró
poco, duró nada. Si supieras lo que es atravesar el cuerpo de alguien, si
sintieras su sangre correr por todo tu cuerpo, si vieras como se desmorona como
un montoncito de azúcar, si oyeras el último aliento de alguien, no te pondrías
en manos de esos a los que les das la libertad para manipularte. Esos que son
tan valientes de matar escondidos detrás de tu culata, esos que son tan
cobardes de no mirar al menos a la cara cuando matan, tan cobardes de no mirar
a los ojos y decir: voy a matarte.
No sé
cuánto tiempo llevo aquí. Pero poco a poco veo como este cuerpo desaparece, se
descompone, se esparce como la mantequilla en el pan caliente. Nadie se ha
dignado a traer al menos algunas flores. Sólo estamos él y yo, y es la más
amarga de las intimidades.
Sólo
quiero que sepas que eres cómplice de mis desgracias, aunque supongo que mi
vida ya estaba predestinada a esto. Una bala no nace para otra cosa más que para
matar. Para esto preferiría no haber nacido siquiera. Una bala es sinónimo de
tristeza, del fin de la vida, de la oscuridad, del llanto… No me gusto. No me
gusta como soy ni lo que hago. Me dan náuseas de pensar en mí misma y en mis
semejantes.
En
fin, no sé que más decirte. Espero que llegue el día que te des cuenta y
aprendas de todo lo que te estoy contando, aunque mientras sigas confiando tu
destino en esos seres con ánimo autodestructivo, no habrá nada que hacer.
Que
seas muy feliz en tu miseria.
Tu
bala.
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